Una de las primeras necesidades de los seres humanos fue protegerse de las inclemencias del clima, y por tanto, buscar cada vez mejores y efectivos materiales para cubrirse la piel. Con el paso del tiempo, el uso de las pieles de animales fue sobrepasado con el descubrimiento de las fibras textiles encontradas en su entorno. En realidad, el origen del arte de hilar o formar un hilo se pierde en los inicios de la civilización. Es una acumulación de conocimientos, necesidades y habilidades que tuvieron los hombres en diferentes momentos, a través de miles de años. Está comprobado que el hombre primero aprendió a tejer, antes de hilar, ya que por lo general siempre había fibras o hierbas en su entorno que podía utilizar para fabricar cosas.

Más tarde, cuando aprendieron a hilar las hebras para convertir lianas, sogas y telas, la necesidad de hilar los hizo crear sus primeras herramientas, y con ello las primeras telas rudimentarias que usaron para protegerse del clima. En Europa central, el material que más se utilizaba era el lino, a diferencia de otros lugares cuyas primeras telas fueron manufacturadas con lana, lo cual fue particularmente útil en climas fríos.    

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